sábado, 24 de enero de 2009

Paraíso #7

Era espigada y no tenía más pecho que dos dunas de sol. Triste aprendiz del fracaso, cruzaba un tobillo sobre el otro, lisa y fresca el alma y la cintura. Alguien abrió la puerta del balcón. Un viento húmedo inundó la estancia, arrastrando consigo la música, notas que volaban hasta estamparse contra la pared y caer al suelo como gotas de lluvia deslizándose por la ventana. se escucha ruido de hielo golpeando contra el cristal, rumor de conversaciones. Alguien ríe, alguien habrá también en el mundo que llore, y habrá quien duerma más allá de la bahía, habrá quien se lamente mientras conduce por el trazado de asfalto bajo las luces amarillas de ninguna parte a ninguna parte. La noche es clara y levemente irisada, noche de cielo inmenso sobre las llanuras que dan al mar. Podría morirme aquí mismo, pensó la muchacha.

Cerró los ojos.

Y no pasó nada.

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