jueves, 8 de enero de 2009

No hay otro mundo

El enano gris miró a la voluptuosa muchacha de nuevo, ahora con más atención. Repasó con detenimiento el perfil del cuerpo esbelto como un talle de rosa, las piernas, las amplias caderas, la curvatura de muslos y pantorrillas, la estrechez de la cintura, los pechos y el gesto. Los labios se entreabrieron entonces, mientras las manos blancas se posaban sobre los turgentes pechos. No podía oirla, pero juraría que había leído en sus labios una frase que no pudo entender. La muchacha se acercó con un sinuoso movimiento de pelvis y sus labios se entreabrieron otra vez. "No hay otro mundo más que este" parecía decir. Impresionado, no supo apartar su mirada del cristal.

Decidió volver a echar otra moneda.

El enano gris miró a la voluptuosa muchacha de nuevo, ahora con más atención.

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