viernes, 16 de enero de 2026

Nihil humanum

 Don Serafín Riudepons se aburre, él dice que como una morsa. Y solo llevamos 13 días de navegación de los 54 que están programados hasta llegar a Maracaibo. Por lo visto las lindezas y placeres que se otorgan a los pasajeros de primera clase no acaban de sacarle del indómito sopor en el que se revuelca indolente. Ni las partidas de tresillo en el club de caballeros de cubierta, ni las desmañadas discusiones sobre el futuro del supuesto rey soldado Alfonso XII, y mucho menos las noches de gala con baile incluido. Ante tal tesitura no extraña verlo sentado en una silla, tapado con su mantita, por lo del relente, tomando anotaciones en su libretita, sin apenas mirar alrededor. Ayer, mientras ordenaba su ropa, descubrí una hoja suelta, cuyo contenido transcribo:

 

“La vida tiene poco sentido, si la miras bien, pero está excelentemente organizada. Unas celulas en la retina absorben la luz y la transmiten al centro de procesamiento del cerebro, y complicadas operaciones como esta conforman lo que conocemos como cuerpo humano, desde el color y crecimiento del pelo hasta el tracto digestivo. ¡Qué máquina tan compleja! Sobre todo si la dotas de un alma. Sin alma solo nos queda comprender que somos una abigarrada conjunción de celulas unidas por el impulso de alimentarse, reproducirse, sobrevivir al fin y al cabo. Quien podría criticar tan exquisita arquitectura hacia la supervivencia. Las amebas lo han hecho todo más fácil, los mejillones también. Se pegan a la roca y allí se quedan, absorbiendo nutrientes tan ricamente...sinceramente, lo suyo se parece mucho a un matrimonio”

 

O sea, que don Serafín se aburre como un mejillón, sería preciso decir. Y por lo que escribe yo diría que, igual que el mejillón, él se ha adherido a su particular sentido del sinsentido, que le lleva a la inacción, pero no a cualquier inacción, si no a una inactividad preocupada por su misma esencia.Y cuando digo inacción no me refiero a las noches de gala, los juegos de cartas o las discusiones políticas sobre las reformas económicas de Echegaray. No sé si hay mayor muestra de inacción que escribir sobre la nada.

 

El otro día, mientras le acompañaba al comedor, me dijo que  empieza a creer que no tiene vida interna, seamos benévolos con él y sus pequeñas boberías. No es capaz de descansar ni de cansarse, de distraerse o atraer. Y aún quedan muchos días de viaje no sé qué será de él. Últimamente examina su conciencia y de resultas empieza a creer que no tiene alma. Yo en cambio tengo la sensación de que solo tienen alma los que creen tenerla, particularmente los adolescentes. Luego el alma se va decolorando, destiñiendo desjironándose como una bandera vieja, y claro, quien lo diría, acaba hecha un trapo.

 

En ocasiones don Serafín puede ser realmente patético. Supongo que hay que comprenderle, y por supuesto lo digo sin malévolas referencias a su último tomo filosófico, que bastante polémica levantó en ámbitos universitarios ya en su día, cuando se publicó. Serafín está reconstruyendo su vida, dice, pero no acaba de encontrar nada que le llame demasiado la atención, ni le emocione lo suficiente. Evidentemente, hay algo que no ha hecho bien y que nunca será capaz de hacer, algún tipo de mecanismo del pensamiento. 

 

De resultas, según dice, Don Serafín se aburre. Eso es muy humano.

 


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