Soñó que el mundo se convertía en carne pero también en viscera. No pudo acallar el pánico que le duraría toda la vida. El mar, tan cercano, fue áspero y el polvo cubría las calles sobre una pátina de roña. Nada tiene de especial sentir la pesadez en el alma, la sombra reptando sobre el cuerpo. Así que volvió a soñar y soñó que cien ángeles venían a buscarle y le mostraban un sendero entre los montes. Todo estaba oscuro, peor pudo sentir la voz que le decía que el único sentido que puede tener la vida es resistirse contra la muerte. Sintió la iluminación y decidió despertar.
Y despertó.
Pero ya no recordaba nada de lo que había soñado.
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